viernes, 17 de julio de 2009

La pulquería

Tantos buenos recuerdos

El cronista Héctor de Mauleón escribió:
En el siglo XVI, la manera de beber de los mexicanos escandalizó al cronista Juan Suárez de Peralta: “No creo que haya nación en el mundo que tanto se emborrache; porque no beben por sólo satisfacer el gusto y la sed, sino hasta caer, y hay indio que se bebe cuarenta reales de vino de una vez, y por beber más, cuando les parece no pueden más, meten los dedos en la boca y lanzan lo que han bebido para volver a beber más”. Varios siglos más tarde, el médico porfiriano Fernando Ponce lamentó el cuadro que presentaban las calles de México, saturadas de ebrios derrumbados sobre las aceras, y de borrachos que exhibían sus cuerpos hinchados en cualquier esquina. En 1911, desesperado ante la nutrida corte de militares, policías, comerciantes, empleados y “hasta mentores de la niñez” que a causa de la bebida llegaban diariamente a las cárceles y los hospitales del porfiriato, entregó a la imprenta de Murguía un tratado sobre El alcoholismo en México. [...] Pensamos en el porfiriato como en la hora dorada del coñac, y de las tardes verdes del ajenjo. En uno de sus mejores capítulos, sin embargo, el tratado aborda la presencia del pulque en la vida diaria mexicana: la costumbre de comer con pulque y de prolongar la sobremesa bebiéndolo; la costumbre de destetar a los niños con éste, bajo la creencia de que a sus poderes nutricios sólo les faltaba “un grado para ser carne”. “Pulque”, según el libro, era una de las primeras palabras que se incorporaba al léxico de los mexicanos; “pulque” era lo que se le suministraba a los niños cuando estaban pálidos y descoloridos; “pulque” era lo que recetaban las madres experimentadas a los críos que lloriqueaban o no querían dormir. El pulque estaba al alcance de la mano a toda hora del día. Ponce detectó innumerables casos de mujeres de clase media que llegaban al crepúsculo en completo estado de embriaguez y, por temor a ser mal vistas, se refugiaban en sus habitaciones “con fútiles pretextos”. Mujeres que al día siguiente volverían a disimular “sus libaciones so pretexto del calor o la sed”.

Fieles a la tradición, junto con la famosa banda pesada de los barrios del Nopalar, del Escozor y de los Quevedos (también conocidos como los "Quebeben"), es decir, lo más picudo del valiente estado de Guerrerro, un día de esos que se llaman gloriosos, nos encaminamos, después de unos buenos mariscos en Chicoloapan de los Altos Topes, hacia la ruta del pulque. A pesar de ser conocida la afición de los guerrerenses por el mezcal y el tepache, así como por la cerveza, esta vez decidimos probar suerte con la bebida de los dioses. En el pueblo de Coatepec encontramos una jornada de fiesta que no pudimos evitar (nosotros que ya veníamos picados) y vimos con las puertas abiertas, casi incitándonos a entrar, empujándonos hacia sus fauces, una pulquería que en ese momento se animaba con el rock de El Tri.

Antes de entrar al aposento nos percatamos de la existencia de un barril estilo "Chespirito", donde cualquiera que tuviera la gracia de imitar al Chavo del ocho podría hacerlo sin dificultades y con el mínimo esfuerzo que implica exhalar un "pi pi pi pi pi", seguido de la acción de frotarse los ojos llenos de lágrimas y refugiarse en el depositario de su tristeza, es decir, el consabido barril. Justamente en el umbral de acceso a la pulquería nos pareció ver (como diría Piolín) unos vitroleros que parecían contener aguas frescas, cosa que pronto descubrimos como una inocente ilusión, pues la bebida era más bien nuestro pulque tan anhelado.

Como decía, arribamos al recinto del agave, un local pintado todo de blanco que aparentaba higiene, con un baño guacareado que denotó lo contrario hasta que el gerente de la pulquería se dispuso a limpiarlo. Nos enfrascamos en charlas y cantaletas propias de nuestro grupo, pero más que nada nos dedicamos a libar y darle gusto al paladar, a la garganta y al placer etílico con pulques de los más diversos sabores, colores y olores, desde mamey hasta avena, de piña a coco y de fresa a nuez... Empanzonados, medio ebrios y con la alegre indiferencia que provoca saber que era domingo y al otro día teníamos que ir a trabajar, decidimos organizar un concurso para honrar a nuestros antepasados, reafirmar nuestra identidad y expresar con orgullo que también tenemos historia. Consistió en imitar una famosa fotografía de unos tiernos pulqueros, cuya autoría y fecha son desconocidas, aunque se sabe que fue tomada en los tiempos que va de la decadencia del Porfiriato a los inicios de la Revolución mexicana (1905-1915). El certamen contó con la participación de todos los convivados y los ganadores se llevaron un regalo sorpresa que fue disfrutado a más no poder. Después de un gran esfuerzo histrónico y de una actuación de calidad excelsa, el resultado (incuestionable y admitido de manera unánime por el prestigioso jurado) fue el siguiente:

Concurso: "Clásicos de ayer y hoy"

Encuentre las diferencias




El premio de los afortunados ganadores


Después del concurso y de la entrega del premio a sus respectivos merecedores, nos retiramos de la ya afamada pulquería, no sin antes prometer bajo palabra de honor que regresaríamos para disfrutar nuevamente de la llamada -con toda razón- "bebida de los dioses" y de sus consecuencias, que con extremado gusto y con la frente en alto aceptaremos como si fuera la primera vez.

martes, 7 de julio de 2009

No quisieron hacer caso...

Tres días después de que Adversus publicó quién sería el ganador de la XVI edición del Rómulo Gallegos, se anunció lo que aquí se había revelado: el premio fue para William Ospina por su novela "El país de la canela". Insistimos en que los jurados no leyeron concienzudamente todos los libros participantes, pero ni modo, así es esto de los premio internacionales. La Jornada fue el único periódico que retomó nuestro trabajo, aunque un poco tarde:

Confieren al colombiano William Ospina el decimosexto Premio Rómulo Gallegos

La Jornada, viernes 5 de junio de 2009

Fernando Camacho Servín

El escritor colombiano William Ospina es el ganador del decimosexto Premio Rómulo Gallegos, por su novela El país de la canela, en la que narra la historia de los primeros exploradores españoles que llegaron al continente americano, informó este miércoles el comité organizador del galardón.

Aunque el anuncio oficial se produjo ayer, desde el mediodía del miércoles llegó a la redacción de La Jornada un correo electrónico de la página web de literatura [ándale, los de la H. Redacción ora sí nos sentimos casi como "Letras Libres"] colectivoadversus.blogspot.com, en el que se filtraba que el elegido era Ospina.

Ver nota completa

miércoles, 3 de junio de 2009

Premio Rómulo Gallegos

Ya está decidido: la XVI edición del premio internacional de novela Rómulo Gallegos la ganará el escritor colombiano William Ospina con su obra "El país de la canela". Los jurados ya hicieron la deliberación y escogieron por unanimidad la novela de Ospina, aunque para ser francos, no leyeron la mayoría de los 274 libros que participaron en el concurso, parece que sólo se dejaron llevar por la opinión general para evitarse la fatiga y ni siquiera consideraron otra novelas participantes como "Casi nunca" de Daniel Sada, "A quien corresponda" de Martín Caparrós, "La sombra del púgil" de Eduardo Berti, entre varias más. No se revisaron los libros como debería de hacerse para un premio de tales alcances como el Rómulo Gallegos. Si no, pregunténselo a los propios miembros del jurado. En fin, esto de ganarse un premio pierde cada vez más su objetivo: el de calificar a la mejor obra, apoyar a su autor y promover su difusión para que más lectores se acerquen a ella. Ahora se deja a la suerte, a la pereza y a las prisas por dar a conocer el ganador de un premio falto de organización que ha perdido parte del prestigio de hace unas décadas.

sábado, 2 de mayo de 2009

La tradición del escepticismo

Es paradójico que en la era de la información la mayoría de la gente no sepa con claridad y precisión qué es lo que ocurre a su alrededor, algo que se manifiesta con mayor relevancia en tiempo de crisis y pánico, como ha ocurrido por el virus de la influenza. Todos los días en todos los medios de comunicación, escuchamos, leemos, vemos, a personas hablando sobre el mismo tema y nosotros seguimos igual de confundidos, los datos que nos dan no sirven para quitarnos la incertidumbre que provoca miedo, pánico e inseguridad. En pocas palabras, tanta información vale para poca la cosa. La gran cantidad de información no implica que uno comprenda la realidad, más bien, comúnmente, la complica porque uno ya no sabe a quién creerle, en qué versión confiar. Por eso es mejor menos información y más calidad; o si no, por lo menos saber hacer una selección de las fuentes y no tratar de enterarse de todo, porque el que mucho abarca poco aprieta, me han contado.

A esto, súmenle la contrainformación, el rumor, las conversaciones cotidianas, el nerviosismo, la sospecha y el escepticismo que parece que traemos desde que nacimos la mayoría de los mexicanos y ese estar alerta y a la defensiva ante cualquier cosa que nos lleva a pensar que ya nos quieren fregar, como siempre. Por eso anda en todas las bocas la versión que de esto del virus es pura chingadera, que el gobierno nos quieren dar atole con el dedo y en un tono apocalíptico, que es un complot mundial y que nos van a chingar a todos por la crisis, que se nos necesita tener con miedo y pánico para poder hacer de nosotros lo que quieran, un gobierno autoritario, represivo, etc. Que algo anda muy mal en el país y en el mundo, que por qué vino Obama entonces sino es para preparar un boicot contra México, que esto de la influenza es la versión renovada del chupacabras...

Independientemente de que no veo elementos para considerar algo así, resulta interesante el pensamiento de los mexicanos ante cualquier situación que no logramos entender, que resulta confusa, contradictoria o exagerada por parte de las autoridades, al no haber información clara, uno tiende a sospechar cualquier cosa, o a inventar intrigas y confabulaciones contra uno y si no piensas eso es que eres un ingenuo, un tarado que no sabes cómo son los tejemanejes y las triquiñuelas del gobierno que como siempre trata de aprovecharse de los mexicanos. Nos hacemos las víctimas y pensamos que todos la traen contra nosotros, el presidente, los diputados, Obama, China y Europa. Y es que nadie ha visto a los muertos, nadie conoce a alguien que haya muerto por la influenza y en realidad la gente no piensa que sea tan grave, que todo es un engaño para mantener quieto al pueblo. En fin... lo curioso es que todos los que piensan eso dicen los mismos argumentos, es la misma versión, no hay diferencias, como un guión preestablecido, lo que lleva a pensar ¿quién es el autor de ese mensaje, de dónde proviene? ¿o está en el inconsciente colectivo? ¿Por qué todos dicen lo mismo, mi tía, mi abuelito, los correos de internet, la señora de los tacos, la secretaria, por qué, qué hay de común en ellos que los hace pensar así, dónde escucharon el rumor, por qué pensar que nos quieren hacer daño, que el gobierno siempre nos quiere chingar? Claro que esto tiene razones históricas que se fundamentan en la falta de soluciones verdaderas en cientos de años que causa que todo siga igual. Pero, insisto, de dónde proviene esa versión que se da en todos los ámbitos. Sería imposible averiguar porque es un rumor colectivo, y como tal es difícil identificar de dónde surge.

Sin embargo, podemos pensar que esa tradición de escepticismo hacia todo lo que dice el gobierno es muy peculiar de los mexicanos, que se debe a que las autoridades siempre se han manejado con discrecionalidad, a gobiernos autoritarios, a falta de educación cívica y a obstaculizar la formación de verdaderos ciudadanos, a que se piensa que el gobierno siempre se maneja de acuerdo a su interés y en lo oscurito, que en la tribuna dice una cosa, pero que en realidad hace otra, que es mejor pensar que si el presidente afirma algo es porque en realidad sucede lo contrario. Por eso nadie creyó lo del avionazo de Murillo, por eso surgió el rumor de que era un atentado. Pero ¿por qué no se confía en el gobierno? Sería bueno entender el origen de esa desconfianza, incluso para los políticos que deberían de estar preocupados por la falta de confianza generalizada hacia ellos. Aunque siempre hay que mantener la actitud crítica y no dejarse llevar por lo que le dicen a uno, a veces se llega a exageraciones y a pensar que si se dice blanco es porque es negro y así se nos va la vida, pensando y suponiendo que, otra vez, como siempre, nos quieren chingar.

Una duda más: ¿si la gente no confía en lo que le dicen, si no confía en el gobierno, si cree que la están engañando, que se viene algo grande contra nosotros, que siempre es lo mismo, que nos van a chingar, por qué carajos no hace nada? Esos argumentos, el engaño y que nos van a fregar, sería suficientes para crear un movimiento que exija cuentas, de una vez por todas, a las autoridades sobre todo lo que han causado contra el pueblo de México, un movimiento organizado que diga basta a todos los engaños y a que nos quiera ver la cara. Pero no hacemos nada, el mexicano sólo se conforma con protestar ante sus amigos y su familia, en quejarse a través de murmuros, le gusta hacerse la víctima, se queda viendo la televisión, no mueve un dedo para exigir un buen gobierno, no hace nada y todo sigue igual, como siempre. Una paradoja y a la vez una manifestación de la falta de educación ciudadana y política que nos hace falta.

Cubreboca

Ese día quise hacer algo diferente, me dije hoy voy a cambiar, y pensé y me dí cuenta de que no me había puesto un cubreboca como toda la gente y que eso me hacía sentir excluido y me deprimía. Así que agarré una mañana y me levanté con el pie izquierdo (porque soy zurdo) y me decidí a ponerme un tapaboca para ver qué se sentía, para ver si es cierto que era otra onda, que era lo de hoy y que toda la bola de tarados que se lo ponían no era en realidad eso, sino personas cultas e inteligentes y que más bien yo era el menso. Así es que, como ya dije, me puse el instrumento para protegerme del virus ese, lo compré en la farmacia de la esquina a 10 pesos la pieza. ¡Ah, jijos -dije- tanto por un pañuelito azul con resortes! Sí, joven, es que es la crisis y la gente que compra a lo bestia. Ah, bueno, pues qué remedio, cuando yo me propongo algo, lo hago, sin importar los obstáculos. En fin, lo compré y me lo puse, aunque al hacerlo no sabía de qué forma debía portarlo, he visto gente que lo trae con mucho estilo y hay a quien le vale madre cómo se le ve, yo, me dije, no puedo traerlo al ai se va, como cualquier hijo de vecino, no, si hago una cosa,la voy a hacer bien y traté de acomodármelo lo mejor que pude y como Dios y mi mamá me dieron a entender. Y así salí a la calle, sintiéndome el rey del barrio, el juan camaney, caminando con gracia y altanería, y la gente me veía y murmuraba cómo diciendo mira quién va ahí, qué bien se ve, no'mbre cómo cambia uno con cubreboca, y las miradas sobre mí y yo gozando de la buena fama que trae esto del tapaboca. No estuvo mal después de todo, esto de ser solidario y andar a la moda trae sus ventajas, aunque no sirva pa ni madres para cuidarse del virus ese que anda en todos lados, según dicen.

Contra la influenza



En estos días de guardar, he pensado si ese virus del que todos hablan no se estará burlando de nosotros y en especial de las autoridades que ni siquiera saben dónde anda ni cómo es exactamente, ha de estar diciendo cómo los traigo a estos mensos, andan bien espantados, mugres miedosos, y él, ese virus que es la causa de todos nuestros males, se carcajea y anda tan campante alojándose en cada organismo vivo que se deja. Por eso, hoy, digo ¡basta!, estoy harto de que nos esté tomando el pelo ese hijo de su tal por cual, qué se está creyendo, más le vale irse por el camino recto, aunque le duela.
¡Ya basta!, repito, ¿por qué no te metes con alguien de tu tamaño? A poco sí muy chicles, porque, digo, no se vale que después de millones de años ese virus y todos los de su clan hayan descubierto que la mejor forma de atacar al ser humano no es con armas gigantescas, con enormes máquinas ni robots inteligentes, no, eso es cosa del pasado, lo de ahora es atacar a nivel infinitesimal, y ese es, como se diría en el lugarazo común, nuestro talón de Aquiles.
Pero, insisto, esto se acabó, porque los más lúcidos científicos del mundo, si no han hallado la cura, encontraron una forma de menguar el sufrimiento de las personas que padecen por el miedo de que ese inche virus ande rondando en nuestra casa y en nuestro aire tan contaminado que respiramos cada día. Por eso traemos una fórmula para apaciguar la congoja y la impotencia que causa no poder hacer nada contra algo que no se ve. A partir de esta fecha, se comenzarán a vender peras de box con la imagen del susodicho para que quien le quiera dar su garrotazos, sus buenos madrazos, que se los dé sin remordimientos por todo lo que le ha hecho a este pinche mundo y por quitarnos nuestra libertad de andar besuqueando y manoseando a quien nosotros queramos (algo que a los políticos conservadores los trae fascinados, y más en Guanajuato). Estas peras serán de un material no tan resistente para que quien la compre pueda deshacer a la imitación del virus hasta que no quede nada. Y para los que en realidad estén encorajinados, que ya estén que se los lleve la chingada por el inche virus, pues tenemos el costal para que el usuario le pueda dar sus arrastradas, le haga la quebradora y la hurracarrana si quiere, la plancha y haga lo que quiera con él. Todo por el bien de la humanidad. Si ya está desesperado por el miedo, no lo piense más y adquiera la novedad del momento. Según las últimas investigaciones la cara del virus podrías ser más o menos así:

jueves, 24 de julio de 2008

La verdad de Alí

¿Por qué nadie del medio cultural, periódistico o literario dijo nada sobre las palabras de Alí Chumacero? "Hay mucho literato mamón", expresó el poeta, quien parece que no existiera en la escena cultural de México. Si está marginado es justamente por eso, por andar diciendo que hay puros mamones, por criticar y decir las cosas como son, sin hipocresía, es por eso que no tiene amigos ni conocidos que lo llenen de elogios. Tal vez eso de mamones sea verdad.
Aunque algo le faltó al poeta nayarita: lanzarse y decir nombres de los literatos mamones o ¿a qué le tiene miedo? ¿A que yo no le vayan a dirigir la palabra o nunca más lo feliciten por sus poemas? Si lo dice, que lo diga bien y no se ande por las ramas, porque si no nada más emociona a incautos que sólo andan esperando el chisme que meta barullo y colapse, destanteé y de paso tire a uno que otro pino de la H. intelectualidad mexicana.

martes, 15 de julio de 2008

Los intelectuales me dan risa I

2008 es el año de adorar a nuestras eminencias en México. Octavio Paz en abril, Carlos Monsiváis en mayo, Carlos Fuentes en noviembre. En este año siempre habrá alguien a quien dedicarle nuestros elogios, nuestra saliva, nuestras reverencias: hay besamanos para rato. Todos los periódicos buscan la entrevista con ellos (con los que aún quedan vivos), en el gobierno los aclaman, los celebran, les aplauden, quieren la foto con ellos (¿y quién no? atajan los RR: ¿quién no querrá presumir una foto con Monsi, con Fuentes? Si existen los que se jactan de atesorar una instantánea con Aristegui, con Ciro o con Marcelo, ¡que dirán si nos ven a lado del cronista de la ciudad de México o del escritor más codiciado del país!).

Lamentablemente, a nosotros nos aturde tanta lambisconería, tantas genuflexiones, tantos clubes de aduladores. La hipocresía inunda el ambiente con tal de quedar bien con los consagrados, ¿o es que en realidad son perfectos, no hay nada malo que decirles, no hay por qué reprocharles, son pulcros e impecables? ¿No se merecen ni una crítica, una censura, un vituperio, una mentada de madre?

En el medio artístico hablan de ellos, no hay nadie que no haya leído sus libros o sus maravillosos artículos, ni haya escuchado sus graciosas entrevistas o sus magnánimas conferencias. Todos se precian de que Fuentes les haya respondido una sonrisa, una mirada al menos. La realidad es que nadie quiere verlos como son, analizar su obra, comentarlos rigurosamente, ni siquiera poner atención a lo que dicen. Más bien se dejan llevar por la figura mediática, el ídolo, la fama.

En esta atmósfera, a quien no le gusta la obra de Monsi, Paz o Fuentes, peca de antipatriótico, es un ignorante, un enemigo del conocimiento, es un resentido que merece ser marginado porque no está con la opinión de la mayoría, es decir, con quienes le hacen justicia a sus glorias nacionales. Ante tales argumentos, nosotros tenemos la tendencia a deprimirnos. No hay nada qué hacer.

Pero tal vez, estimado lector, pecamos de envidia, nos corroen los celos porque a sus humildes servidores nunca se les ha rendido un homenaje en Bellas Artes o entregado una medalla, ni siquiera las llaves de la ciudad, no hemos salidos en portadas de revistas donde hablan amigos, conocidos, estudiosos, especialistas sobre nuestra vida y obra (todos positivimente, por supuesto) ¡vaya! Ni siquiera una calle lleva nuestro nombre.

Tal vez, lo que ocurre es que necesitamos que alguien guie nuestros pasos, que nos ilumine el camino, que nos diga qué hacer ante nuestra situación que va de mal en peor. Tal vez, a final de cuentas, esos intelectuales son tan necesarios como una tortilla con frijoles, sus opiniones, artículos, conferencias, consejos y reprimendas, sus ilustres voces son indispensables para seguir viviendo en esta mierda de mundo.

Tal vez esto sea lo pase en realidad y nuestro texto lo único que está causando es un perjuicio para el planeta. Si ese fuera el caso, entonces pedimos perdón por tan grande vileza. No lo podemos evitar.

Los intelectuales me dan risa II

¿Cómo justificar que Jaime Sánchez Susarrey, articulista de Reforma, utilice para criticar a los que no concuerdan con sus opiniones adjetivos como "estalinista", "totalitario" y "obtuso"? ¿Como soportar que un "distinguidísimo" articulista muestre intolerancia hacia quienes piensan diferente?

En su artículo del 5 de julio, Sánchez Susarrey respondió de modo visceral y con una visión muy cerrada sobre la libertad de expresión a un texto del especialista Raúl Trejo donde critica la acción de amparo del Grupo de los 15. Trejo Delarbre quiso responder en otro artículo a Sánchez Susarrey con base en su derecho de réplica, pero Reforma decidió no publicarlo. Ahora, la respuesta censurada ha dado la vuelta en internet y difundida en diversos blogs, sitios web de revistas y hasta en Primer plano de canal 11.

Sánchez Susarrey forma parte del grupo de 15 intelectuales que interpuso un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra las reformas a la ley electoral que prohíbe a particulares contratar propaganda en medios de comunicación electrónicos con el fin de apoyar al candidato de algún partido político. Su principal argumento es que se viola la libertad de expresión de los ciudadanos.

¡Vaya paradojas!

Más allá de los debates sobre la reforma electoral, queremos destacar la actitud de esos que se dicen intelectuales y que se jactan de ser los gurús de la sociedad, los líderes de la opinión pública, quienes tienen la batuta al criticar los asuntos públicos y creen que pueden hacer y decir lo que quieran porque son miembros de la élite pensante. En México hay muchos de esos y gustan de creerse "la divina garza".

Lo peor es que muchos lectores también lo creen y son sus fieles seguidores.

Lo más feo es que esos intelectuales creen tener siempre la razón.

¿Esa es nuestra llamada clase intelectual? Hay que acabar con ese tipo de analistas que no sirven para nada. Hay que exterminar ese mote de intelectual y llegar al punto en que cada persona sea dueño de sus propias ideas y dialogar, compartir, conversar y debatir en un ámbito sin prejuicios ni falsos ídolos. Esto pretende ser una contribución a ello.