miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿Chocolate pirata?



Es diciembre en la Ciudad de México (y en todo el mundo). Los asalariados reciben su miserable aguinaldo y las tiendas y plazas están a reventar de tanta gente ansiosa de comprar antes de que el dinero vuele de sus manos y se den cuenta de que en realidad no tienen nada.

En la Ciudad de México hay un Metro, cuyos usuarios frecuentes no tendrán un feliz año 2010 porque pagarán un peso más por cada boleto que compren, en lugar de dárselo al niño de los chicles o al ciego que canta con voz lastimera.

El Metro -como muchos transportes subterráneos de este tipo en el mundo- se encuentra regularmente atestado de gente, de niños gritones, olores nauseabundos, vómito, desechos empalagosos, basura, policías de mirada furtiva, mujeres embarazadas, bebés chilapastrosos, de individuos sin destino, oficinistas, adolescentes, estudiantes, vagos, limosneros, miserables, contadores, secretarias, raterillos, malandrines y tal vez violadores; a fin de cuentas, es un lugar muy plural donde uno también puede encontrar vendedores ambulantes, quienes en esta época decembrina abundan con el afán de recibir los pesos que la gente está dispuesta a gastar porque es fin de año y uno tiene que regalar, ser generoso, acabarse su dinero y ser feliz por un momento, es la época en que nos podemos dar el privilegio de gozar de esa dicha que resulta de obtener algún bien material.

Pues bien, como a mí siempre me place estar a la moda, no estar fuera de onda y seguir los dictados que sugieren las buenas formas y las convenciones sociales, decidí darme una vuelta por el dichoso Metro y me encontré con una pequeña vendedora ambulante que ofertaba su mercancía con verdadera gracia y convencimiento, a tal grado que me persuadió de comprarle un chocolate -yo que ya me moría de hambre- marca Hershey's por tan solo cinco pesos. Al revisarlo por pura curiosidad, me di cuenta que la envoltura estaba medio eriza, el producto no tenía fecha de caducidad y no decía dónde se había fabricado; en cambio, mostraba unas letras ininteligibles para un ignorante como su servidor: supuse que eran árabes o, ya para no errarle, orientales.

Inmediatamente se me vino a la mente la idea de que había comprado una mercancía pirata, lo cual no es de extrañarse en este lugar y en este tiempo, porque casi todo lo que estos respetables señores ambulantes venden es pirata, de contrabando; ilegal, pues. Si ofertan discos, películas, lamparitas, plumas y bolsas, ¿por qué no vender un chocolate pirata?

Me comí sólo la mitad, la desconfianza le ganó al hambre y preferí tirar el resto. Minutos después, la calidad del chocolate (o el poder de mi mente o el Metro o el vómito que vi o tanta gente y tanto sol) me causó náuseas y dolor de estómago.

Nunca vuelvo a comprar de comer en los vagones del subterráneo. Sólo me quedó el recuerdo de esa chamaca que rehúye cualquier llamada de atención, de ese gesto indiferente de la vendedora cuando la observé con ojos inquisidores, después de descubrir la trampa de su venta, sólo guardo en la memoria cómo escapó al abrirse las puertas del vagón, sin voltear atrás, furtivamente, como escondida, como agachada, con su trenza de cabello negro colgándole y arrastrada por su cabeza morena con esos ojos tan pequeños, con esas manos cobrizas y frágiles que cargan la caja con los chocolates piratas que ofrecerá nuevamente a los compradores incautos en el vagón continuo. Seguramente no fui el único que le compró un chocolate ese día.


sábado, 19 de diciembre de 2009

Hacernos más hombres



Hace semanas comenzó una campaña de difusión contra la violencia hacia las mujeres. El Instituto Nacional de las Mujeres decidió basar su estrategia en diversos hombres de fama pública y en otros que apenas si los conocen en su casa. Nosotros, que casi no vemos televisión pero leemos las revistas de chismes, reconocimos a Erasmo Catarino, Yahir y Víctor García de "La Academia", a un actor de Televisa y a otro de Tv Azteca, a un comentarista deportivo, al clavadista Rommel Pachecho, y porque le vamos a los Pumas, a Efraín Juárez, y porque somos periodistas, a un tal Carlos Marín, que dirige Milenio Diario. Por último, llama la atención un personaje obeso y con cara de puerquito, quien se dice divulgador cultural y tiene un programa en Canal 22 llamado "ReVerso": Nicolás Alvarado.

La campaña tiene como lema "Porque hacer menos a las mujeres, no nos hace más hombres". Al ver los carteles que ya se encuentran en diversas partes de la Ciudad de México, uno piensa, como buen hombre que es: ¿cómo me hago más hombre?: ¿cantando en "La Academia"? ¿Actuando en telenovelas? ¿Trabajando en una televisora? ¿Poniéndome un suéter rosita?

No sabemos qué hacer. Tal vez a la estrategia comunicativa le hagan falta más hombres como Erasmo Catarino, ese sí se ve que es bien macho, y a uno hasta le dan ganas de verse como él, ponerse un sombrero y ser más hombre, todo esto, por supuesto, sin causar perjuicio alguno a las bellas damas.

Pero, ¡cómo es posible! que pongan a promover una campaña para que uno se haga más hombre, a alguien como Nicolás Alvarado, que además de ser repulsivo -y no es por ofender-, no se ve muy varonil que digamos, tiene ademanes, gestos, expresiones y un tono de voz que no son elementos ejemplares para volverse más hombre; por si fuera poco, es un señor cuyo programa casi nadie ve porque es chocante escucharlo hablar (como si tuviera una fresa en la boca), lo hace en un tono altanero y presuntuoso. No creo que muchos lo conozcan, la verdad, porque es mínima la gente que ve el Canal 22, son menos los que ponen su atención en un programa de poesía, y solo unos cuantos los que ven "ReVerso".

Si el Inmujeres asegura que no es necesario menospreciar a la mujer, ¿vistiéndonos con un suéter rosa, camisita y moñito como ñoño, sí nos volveremos más hombres? ¿Pareciendo puerquito y frunciendo la grande nariz que siempre está como si algo oliera mal? Perdonen, pero ¿quién se va a querer identificar con alguien así?

El Inmujeres debería poner más atención en las personas "famosas" que utiliza en sus campañas de difusión, si no quiere que el resultado sea contraproducente, en caso de que el hombre que vea la postal con la imagen de Nicolás Alvarado, decida que es mejor ser menos hombre que volverse como el de la foto.

morel

jueves, 10 de diciembre de 2009

Intelectuales en nombre de Iztapalapa




Post mortem. Esos intelectuales (Monsiváis y Poniatowska), que por medio de un manifiesto andan en la defensa del respeto a la voluntad popular y exijen que se "restaure el gobierno constituido democráticamente encabezado por Clara Brugada", les pedimos que dejen de hablar en nombre de todos, que dejen de prestar su nombre a cartas sobre las cuales parece que ni siquiera reflexionan y que sólo firman porque cada día les llegan cientos de solicitudes de apoyo; conscientes de que son la voz del pueblo y debido a la fama de líderes de opinión que se han ganado tras años de apoyar a las causas populares y ser de los abajofirmantes, ponen su nombre sin chistar, pero sin pensar mucho en lo que dicen a través de ellas, sin meditar acerca de lo que firman.

En su carta afirman que "el pueblo de Iztapalapa votó para que Clara Brugada fuera su delegada. Que tampoco se olvide que el origen de este conflicto se encuentra en una determinación injusta y arbitraria del tribunal federal electoral, que violentó los derechos políticos de la ciudadanía de esa delegación al cancelar el registro de la candidata que tenía el respaldo mayoritario del electorado", pero se olvidan o ni siquiera lo saben porque no están atentos a los que pasa en Iztapalapa (tal vez porque uno vive en Portales y la otra en Chimalistac), que el origen de ese fallo vino del mismo PRD y sus tribus que no pudieron llegar a un acuerdo, que no pueden siquiera lograr un consenso debido a sus ambiciones e intereses, desde ese mismo partido se interpuso la controversia ante el tribunal electoral para que Silvia Oliva Fragoso fuera la candidata por Iztapalapa, en lugar de Clara Brugada, después de unos comicios internos llenos de irregularidades. Y ahora no vengan a decir que fue un proceso democrático.

Insistimos: su opinión es válida, pero dejen hablar en nombre del "pueblo de Iztapalapa" como si nos representaran. Ustedes no pueden saber lo que tiene en su cabeza cada persona, pero suelen hablar en nombre de la masa, no de los ciudadanos. Lo lamentable es que mucha gente tiende a hacerles caso, son sus gurús y cada palabra que sale de su pluma es venerada como irrefutable, que todo lo que dicen está bien, que lo contrario es perjudicial para la humanidad, y que cualquiera que les lleve la contraria es enemigo del pueblo porque ellos siempre tendrán la razón. En fin, ésa es una maña, un vicio que tienen los llamados intelectuales mexicanos.

(Por decir lo menos, yo ni siquiera voté por Juanito, por respeto a mis principios como ciudadano, pero principalmente por dignidad: nunca elegiría como gobernador a una persona así.)

De la tragedia a la comedia



 Ahora resulta que Rafael Acosta Ángeles no existe, que no se halla su identidad en ninguna oficina del Registro Civil, que en realidad no es Rafael sino responde al desgraciado nombre de Ponfilio...

Ahora resulta que el que sí existe es Juanito, el que todos hemos visto haciendo sus payasadas, que de Rafael Acosta Ángeles no se sabe, salvo que es un individuo invisible (o que por lo menos nadie puede dar fe de haberlo visto), cuya acta de nacimiento dice que vino a este mundo en 1958 y que tuvo como testigo de su registro al general revolucionario Felipe Ángeles, amigo fiel de Francisco Villa y estratega militar fundamental para la División del Norte, quien murió fusilado en 1914.

Pues bien, demos por muerto a Rafael Acosta Ángeles, es más, démosle por inexistente, aceptemos que nunca existió en realidad, que su paso por la Ciudad de México fue como un espejismo en el desierto político. En cambio, reinvidiquemos a ese cuerpo maltrecho, al bufón que dice llamarse Juanito y que siempre habla en tercera persona de sí mismo, como quien conversa con su conciencia (desempolvemos al Dr. Jekyll y a Mr. Hyde).

Y lo mejor: ya encarrerados en este frenesí, ya metido el acelerador de la demencia, ya faltos de toda cordura, pero con una firme conciencia revolucionaria, declaremos a Felipe Ángeles redivivo, el general sigue entre nosotros, no sólo en actas de nacimiento, sino en nuestra memoria. Está resucitado y su espíritu, que no es menor, ronda por calles, por casas y anda en busca de políticos que quieran tener el grande honor de ser bautizados teniéndolo a él como testigo.

Despues de todo, una cosa es segura (lo puedo afirmar con los pelos de la burra en la mano): Juanito sí existe, no es sólo un apodo, no sólo es un símbolo de la miseria partidista, es una persona de carne y hueso que, además de tener su propia obra de teatro producida por esa eminencia del cine de ficheras que es "El Caballo", quiso gobernar Iztapalapa...

Y perdónenme, pero después de tanto, no pude hacer otra cosa que reírme, no aguanté más y comencé a carcajearme de mí mismo, de nuestros políticos y de este pobre país.

morel

lunes, 30 de noviembre de 2009

La farsa, el circo




Vivo en Iztapalapa. Soy un ciudadano indignado y exijo a esos políticos que se regodean en su circo, en su farsa, en su mediocridad y en su miseria, que paren el espectáculo. Me dan pena ajena. Estoy harto de ellos, estoy hasta la madre de ustedes que se la pasan jugando con la voluntad de la gente. No aguanto (y eso que soy muy tolerante) que dos personas, las facciones políticas y sus intereses, se estén peleando por un cargo de representación popular como si fuera un pastel, un tesoro del que sólo importa obtener el mayor provecho y la mejor utilidad. No puedo concebir que una de las delegaciones más empobrecidas, más marginadas, con tantos problemas, esté entre vaivenes y arrebatos como una preciosa joya, por culpa de esa gente. ¿Y sus habitantes? Que se chinguen, que sigan en el atraso, que sigan sin educación, que los sigan manipulando cada elección a través de despensas, de la ocupación ilegal de terrenos baldíos o áreas naturales para viviendas, de componendas, de cargos públicos, de ascensos. Que sigan siendo parte de la masa, pero no ciudadanos que piensen qué es lo mejor para ellos. Tanta politiquería me da asco, la detesto; tanta falta de interés en el bienestar y en el desarrollo de los iztapalapenses me repugna. Estoy seguro de que ni siquiera les importamos, que sólo quieren demostrar su fuerza política, que sólo desean tener más poder, que sólo piensan tener el control de un delegación más, que nada más buscan utilizar a la demarcación a favor de sus intereses, para hacer más relaciones, conseguir más adeptos y subordinados a través de la corrupción, para buscar un pastel más grande en la próxima elección.

Recuerdo que a Rafael Acosta lo conocí a finales de mayo de 2007, en un peculiar concurso de belleza organizado por Jesusa Rodríguez para conmemorar el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres y pedir la destitución del entonces presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, José Luis Soberanes. Todas las "misses" eran hombres, a Rafael Acosta le tocó representar a "Miss Mota", era el peor vestido y el más ridículo. Desde esa época datan sus atentados contra la estética y su simpatía por el mal gusto. Desde ese tiempo, el movimiento obradorista lo usaba para montar sus bufonadas que ahora ya no le parecen graciosas. De Brugada sólo tengo memoria de que en sus inicios en la negra política, hace más de siete años, vivía o tenía su centro de atención ciudadana a unas cuantas cuadras de mi casa, en la colonia Fuego Nuevo, cerca del Cerro de la Estrella. Muchas veces vi afuera de dicha vivienda un cartel con su gran cara sonriente.

Pero ya no quiero saber más de ellos.

Que el pinche Juanito y la fea de Clara Brugada vayan a chingar a otra parte, que vayan a andar de argüenderos lejos de aquí, que dejen de molestarnos. Ya estuvo bien de tantas pendejadas. Que se larguen con sus terribles chistes, con su malabarismo, con sus payasadas, con sus discursos de mierda, con su voz de pito, con sus sonrisas estúpidas, con su comedia, su farsa y circo de dos pesos.

¡Pobre Iztapalapa! No puedo concebir que sus habitantes lleguen a ser gobernados por un ignorante, un títere necesitado de atención, o por una argüendera que sólo ambiciona poder.

Que saquen sus sucias manos de nuestro territorio.

Que se vayan con su miseria.

Que nos dejen, ya no los quiero ver.

No los necesitamos, muchos ciudadanos podrían gobernar Iztapalapa mejor que ellos.

Y si no se van, soy capaz de juntar a unos cuates y sacar a patadas al tal Juanito (que además está desprestigiando el mote con el cual se le conoce a un buen amigo), de agarrar por las greñas mal rizadas y bien despeinadas a la Brugada esa.

Ya basta, por favor, no hagan caer a la política de México más bajo de lo que está.

No estoy enojado, estoy triste al ver tanta mediocridad de la clase política mexicana.

Estoy triste y lloro por esta Patria (algo que esas personas nunca van a poder sentir).

morel

sábado, 21 de noviembre de 2009

Libros que te hablan



Lo insinuaste, tomaste el libro, querías saber que podría pasar, te recostaste y con el volumen entre tus manos pensaste y te concentraste en lo que deseabas, en cuál sería el camino. Con tu cabeza sobre las páginas cerradas, te decidiste a abrirlo donde dictara el azar o el destino. Y sucedió:
"Las cosas no pueden quedar duraderamente detenidas, por eso sigue ahora el signo: La Evolución. Evolución significa progresar."
La respuesta te dejó satisfecho y quisiste saber qué más te podría decir el I Ching. Repetiste el procedimiento:
"Abajo, al borde de la montaña, sopla viento: la imagen del echarse a perder. Así el noble sacude a las gentes y fortalece su espíritu."
Otra vez lo hizo. No podías creer cómo atinaba a tus pensamientos, a tus sentimientos, al estado de ánimo. Nuevamente la concentración, el azar y el destino:
"La instalación de un Pozo necesariamente ha de ser revuelta con el tiempo; por eso sigue ahora el signo: La Revolución.
"La Revolución significa la eliminación de lo envejecido."
Esto ya no lo sentiste tan natural, tan instintivo. Lo intentaste nuevamente y fue la última porque la magia se había ido. Cerraste el libro con satisfacción por las respuestas que te dio el I Ching.

Revolución... revolución... Pensaste: ¿quién mejor para hablarte de ella que Francisco Ignacio Madero? Y te dirigiste a sus "Comunicaciones espíritas", tomas el libro, concentración, preguntas, deseos, la cabeza sobre el papel y de pronto lo abres y no ves nada que tenga que ver contigo, nada que te interese. Pero sigues buscando y encuentras en un rincón de la página estas palabras:
"¡Cuántas veces has estado a punto de conseguir el triunfo definitivo y sólo por falta de constancia, por falta de energía no lo has conseguido!"
Los libros te hablan, se comunican. No sabes qué pensar y sólo atinas a murmurar: "¿Por qué me dicen esto?"

lunes, 16 de noviembre de 2009

No estamos solos

Después de varias semanas que escribí el artículo "La cultura, en crisis", he recibido dos satisfacciones: la primera es que varias personas que considero importantes lo han leído, y la otra es que dos de ellas respondieron al texto: Marco Levario Turcott, director de la revista etcétera, y el escritor René Avilés Fabila, quien fue mi maestro de periodismo en la UNAM. Marco Levario tuvo la cortesía de contestar al artículo, expresar su opinión sobre éste e incluso corregirme un dato. René Avilés, por su parte, ocupó la información aquí publicada y se sumó a nuestra crítica sobre los miles de pesos que mensualmente reciben del erario (a través de becas del Conaculta) algunos escritores que no necesitan de ese dinero que bien se podría ocupar para otras áreas culturales a las cuales les urge el presupuesto.

Dice René Avilés Fabila en su artículo "Intelectuales pobres e intelectuales ricos", publicado en el periódico "La Crónica" el lunes 16 de noviembre, y que también se encuentra en su blog:
La educación y la cultura han padecido fuertes recortes. Es grave porque la primera es urgente para salir del atraso en que vivimos y la segunda porque México es un país de artistas notables. No todos los intelectuales son pobres, algunos reciben grandes cantidades de dinero del Estado, además, como un excelente añadido, no hay premio que dejen de recibir. Llega a ser aburrido que unos cuantos concentren en sus manos todos los reconocimientos, doctorados, viajes al exterior, premios y becas. A este respecto circula en Internet un interesante artículo, que además está en un blog firmado por L. Morel y Alba Z. En este trabajo documentado señalan el actual monto que cada becario a perpetuidad ha recibido en estos atribulados tiempos.
[...] Sabemos cómo se conceden las becas y llegan los privilegios a un puñado, lo que nadie entiende es la razón de que, en época de crisis, la educación pública y la cultura reciban severos cortes y los privilegios de unos cuantos sigan intocados. Lo llamativo es que ellos mismos insistan en que debe haber mayor apoyo a la cultura. ¿Para su mejoría o para que el reparto del dinero sea distribuido de manera equitativa que apoye a los jóvenes y no siempre a los afamados, muy ricos y que no necesitan el apoyo público? Los autores del artículo, concluyen que “de 1993 a la fecha, tan sólo estas seis personas han recibido del erario nacional una suma aproximada de unos 26 millones de pesos” y preguntan “¿Acaso necesitan ese dinero? ¿No es suficiente con lo que han acumulado?”, luego de multitud de premios, reconocimientos, ventas de libros y otros ingresos.

Me sumo a la pregunta.


Es una gran satisfacción saber que no hablamos al vacío en este espacio, que nuestras críticas son tomadas en cuenta por algunas personas, y es una doble satisfacción cuando esa persona es alguien que siempre ha ejercido, no sólo la creación literaria, sino la crítica y la docencia, alguien a quien en muchas ocasiones he referido como "mi maestro": René Avilés Fabila. Un gran saludo desde aquí.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Vooy, vooy, tan grandote y tan llorón: la Tucita

Este es un homenaje a la Tucita: porque no he visto un actor infantil mejor que ella, porque me sigo riendo después de meses que vi “Los tres huastecos”, porque en esa película la pequeña María Eugenia Llamas se transformó, fue poseída por la Tucita, porque ya nadie se acuerda de ella, porque sólo estoy informado de que, ya avanzada de edad, la hacía de cuentacuentos para niños, porque ¿dónde estará? 



Porque para mí siempre será la Tucita –y así se quedará en la memoria–, en donde se encuentre le envío un gran saludo de admiración por ser la niña que hubiese querido tener de compañera en el jardín de niños… Aquí me despido, antes de que salten las lágrimas. 


“¡Vooy, vooy, tan grandote y tan llorón!”, diría ella. 


morel 

"Vooy, vooy, tan grandote y tan llorón"
    
"Soy hombre y voy a matar gente, ¡y primero a este viejo cochino!"      
"Dame la pistola para dormir tranquila"    
María Eugenia Llamas, cuentacuentos

lunes, 9 de noviembre de 2009

La idea de patria



Tengo una tendencia a comparar siempre nuestra realidad con el pasado. Tengo una obsesión por la historia porque sin ella no podemos entender lo que vivimos. Me encanta lo que ya fue, sentir los objetos antiguos entre las manos, tan curiosos, tan profundos y con tanta magia, como si ya los hubiera visto antes y los tuviera frente a mí una vez más; es fantástica la sensación de estar en pleno siglo XIX, de percibir o de vivir de nuevo a principios del 1900.

Además, lo confieso, soy nostálgico, adoro las fotos en blanco y negro de hace cien años, pienso que antes las cosas eran mejor: no había tantos automóviles, había varios lugares en la ciudad donde el agua era parte del paisaje, no éramos tantos sus habitantes, la contaminación del aire no era un problema grave, se podía llegar rápidamente a cualquier lugar.

Aclaro: no se trata de rechazar el progreso, sino de criticar su voracidad.

Pero no sólo eso. Antes había un proyecto de nación, había políticos dignos de elogiarse porque veían más allá de sus intereses y de planes inmediatos y efectistas, tenían altura de miras, una visión de futuro para este país, un amor por nuestra patria. Eso -lo hemos comprobado en por lo menos los últimos veinte años- se ha perdido. ¿Tenemos los gobernantes que merecemos? No lo sé. Pero parece que el mexicano ha perdido la esperanza en ellos. Estamos frustrados, desesperados, desilusionados, ya casi nadie piensa en un mejor porvenir. Y, claro, los políticos no tienen toda la culpa de eso, pero son una causa fundamental de que los mexicanos ya no creamos en este país -y algunos ni en sí mismos-, porque después de décadas, de sexenios, de años aguantando y pensando que algo va a mejorar, una cosa pequeña por lo menos, no, nada, todo sigue igual. Cambia la apariencia, pero en el fondo todo permanece, y fundamentalmente persisten dos problemas: la falta de educación y la mala distribución de la riqueza que provoca la desigualdad, factores que llevan a la pobreza económica y a la pobreza de espíritu.

Ambos temas son importantísimos para México y no se han querido tocar en años, son estructuras que perviven sin un cambio, alguna reforma, una nueva visión, lo cual no ha permitido que el país evolucione en algún sentido. Se necesita un vuelco en el país, pero como en el gobierno no se ve la intención ni la voluntad para hacerlo, se habla de una revolución inminente (y hasta necesaria), de un estallido, porque parece que los mexicanos sólo así podemos avanzar, por medio de cambios bruscos, repentinos y agresivos, revoluciones que hagan entender a los que dirigen este país que ya estuvo bien de esperar una transformación que nunca llega.

Hace casi cien años, Martín Luis Guzmán escribió:
Vano sería buscar la salvación en alguna de las facciones que se disputan ahora, en nuestro territorio o al abrigo de la liberalidad yanqui, el dominio de México; ninguna trae en su seno, a despecho de lo que afirmen sus planes y sus hombres, un nuevo método, un nuevo procedimiento, una nueva idea, un sentir nuevo que alienten la esperanza de un resurgimiento. La vida interna de todos estos partidos no es mejor ni peor que la proverbial de nuestras tiranías oligárquicas; como en éstas, vive en ellos la misma ambicioncilla ruin, la misma injusticia metódica, la misma brutalidad, la misma ceguera, el mismo afán de lucro; en una palabra: la misma ausencia del sentimiento y la idea de la patria. (en La querella de México, 1915).

¿Coincidencia con el México del siglo XXI? Más bien falta de memoria, ausencia de voluntad para cambiar lo que se señala, o ya sabemos, que está mal.

No sabemos qué pasará, a veces pensamos que tal vez sólo así podamos avanzar; luego volvemos a la historia y vemos que en una revolución son muchas las vidas perdidas, altísimos los costos que se pagan, muchos los sufrimientos. Y entonces meditamos otro camino. Pero uno se cansa y no ve para dónde. No sé qué vaya a pasar, pero esperemos que sea lo mejor para todos.

morel

domingo, 18 de octubre de 2009

Tienes razón: la nostalgia

Afirma la casi desconocida filósofa mexicana Adriana Yáñez (fallecida el pasado 21 de abril): 
¿Qué entendemos por nostalgia? En griego, nostos significa “regreso”. Algos se refiere al “sufrimiento”. La nostalgia es el sufrimiento causado por un hecho concreto: el no poder regresar. En portugués, Fernando Pessoa nos habla de saudade. En inglés decimos, homesickness. En alemán, Heimweh. En español, además de la palabra de origen griego “nostalgia” empleamos también la palabra “añoranza”, que proviene del verbo “añorar” y que a su vez tiene su raíz en el verbo catalán enyorar, derivado del latín ignorare (que significa “ignorar”, no saber algo). Siguiendo esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estoy solo. Estoy lejos. Siento dolor. No sé lo que sucede en mi país, con la persona amada, con el pasado que he dejado atrás. Soy un aventurero o un exiliado. Un soñador en busca de la Edad de Oro o un ángel condenado que recuerda el paraíso perdido. En francés también se emplea la palabra nostalgie, pero no hay verbo. No hay manera de decir “te añoro”, “te extraño”. Hay que recurrir a formulas más frías como je m' ennuie de toi (te echo de menos) o tu me manques (me haces falta). Lo interesante aquí es la palabra ennui (aburrimiento), tan popular a partir de Baudelaire, quién a su vez tuvo que recurrir a la palabra inglesa spleen, para tratar de definir ese malestar, esa sensación de carencia y de vacío. En Alemania se emplea muy pocas veces la palabra “nostalgia” en su forma griega y lo más frecuente es decir: Sehnsucht: búsqueda o deseo de lo que está ausente. Debemos subrayar que la Sehnsucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido, es decir, tanto al pasado como a aquello que todavía no conocemos. Para incluir la idea de nostos o de “regreso” hay que añadir algo: Sehnsucht nach der Vergangenheit (nostalgia del pasado), nacht der verlorenen Kindheit (nostalgia de la infancia perdida) o nacht der ersten Liebe (nostalgia del primer amor). 

[...] La nostalgia es recuerdo, imaginación y creación. El recorrido es por dentro. Es el viaje alrededor de la alcoba; el viaje erótico, pero también el camino del arte y de la memoria colectiva. La posibilidad del lenguaje se da en la sábana en blanco, como la página en blanco, con el placer y sus silencios, con el dolor y su verdad. Es la interiorización de la experiencia poética. Un viaje que nos acerca a lo más íntimo, a lo más profundo, a lo más originario de nuestro propio ser.

Creemos que eso es lo que sentimos...

jueves, 15 de octubre de 2009

Aclaración necesaria

Dirán ustedes (hablamos en plural porque suponemos que por lo menos contamos con dos lectores): éstos cuates ya la agarraron de coto con los emblemas de la suave patria, con los personajes intachables, con los escritores que han traído la gloria a México. Sin embargo, no nos mueve eso, no somos tan maliciosos. O tal vez sí (uno no sabe lo que su inconsciente planea), pero advertimos que tenemos otros intereses y poco tiempo.

Pensarán que, como toda generación que surge (en nuestro caso, la generación está conformada por dos personas y los que se quieran sumar), queremos cometer parricidio, matar a los padres para quedarnos en su lugar... Nada de eso, en todo caso asesinaríamos a nuestros abuelitos, porque la verdad estas señoras y estos señores de quienes hemos escrito ya van de salida. ¿A quién vamos a destruir? Parece que somos huérfanos, no podemos acabar con nadie porque no hay quién.

No nos digan que Jorge Volpi, que José Agustín, que Laura Esquivel, que Ángeles Mastretta... Antes, la literatura mexicana tenía verdaderos padres, desde Manuel Gutiérrez Nájera, Justo Sierra, Amado Nervo y Ramón López Velarde, hasta Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos y Alfonso Reyes, después a los "Contemporáneos" como Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, luego vinieron Octavio Paz, Augusto Monterroso, Juan José Arreola y Juan Rulfo, después Sergio Pitol, Carlos Fuentes y Salvador Elizondo, pero posterior a esta última generación se empezó a perder la paternidad porque no hubo una figura o un grupo que destacara por su calidad y su diferencia frente a la anterior. Los últimos que lo intentaron fueron los del "Crack" pero no tuvieron mucho éxito.

Pitol describe el espíritu de los "nuevos" tiempos: "... El panorama se ha modificado. Esa misma mentalidad pareció de repente hastiarse de exaltar lo nacional y sus signos más visibles; dice haberse modernizado, descubre el placer de sentirse cosmopolita, pero aunque el ropaje parezca diferente en el fondo es la misma. La vanguardia le ha repugnado siempre..." ("Ya no saben quiénes son", en El mago de Viena).

Ahora ya nadie se asocia para crear un movimiento de renovación, para dialogar, construir o criticar; sólo se dan casos aislados que sacuden el ambiente artístico, como Daniel Sada o Roberto Bolaño. De ahí en fuera, nada. Parece que tiene que suceder un temblor que haga caernos al fondo para después despertar, levantarnos de las ruinas.

En fin, todo esto era para aclarar que no es una lucha personal ni de odio frontal contra ciertos personajes (o al final, tal vez sí), nada más que nos apasiona la crítica, la polémica, pero antes que todo nos importa la cultura.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La cultura, en crisis

Ya estamos de regreso, y volvemos con uno de nuestros temas predilectos, incluso, se podría decir, una obsesión. En 1908, Francisco Ignacio Madero escribió en un par de meses su análisis sobre la situación de México que a la vez le sirvió de programa político y de lucha electoral: La sucesión presidencial en 1910. Escribir un libro en unas cuantas semanas sólo denota el carácter de su autor: padece de obsesión. Nosotros, lo confesamos, somos unos obsesivos sin remedio. Y por eso estamos aquí de nuevo.


¿Cuántas veces hemos oído que los intelectuales piden más apoyo para la cultura, que se alzan con la bandera de darle más presupuesto a las artes? Ante la debacle financiera nacional, son frecuentes sus llamados a no sacrificar el dinero para actividades como el teatro, la música o las artes visuales.

Sin embargo, después de una crisis económica viene lo inevitable: el recorte del presupuesto federal a las instituciones culturales y a los encargados de difundirla y hacerla llegar al público. El gobierno mexicano no es la excepción a este principio que pone en último lugar de las prioridades de gasto al sector cultural, pues en su proyecto de gastos para 2010 pretende recortar un total de 25 por ciento de lo destinado a la cultura en 2009 (13 mil millones), es decir, sólo erogará para este rubro 9 mil 700 millones de pesos. El Conaculta será el más afectado, al rebajarle el 38 por ciento de su presupuesto, después le sigue el INBA con el 25, y el INAH con el 12. Así, disminuirá drásticamente el apoyo al cine, al teatro, la danza y la música nacionales, así como a los proyectos de investigación y difusión culturales.

Los que no se verán afectados son los sindicatos y los "creadores" de renombre que viven del erario nacional.

Los intelectuales mexicanos se han instituido en paladines de la cultura, hablan en nombre de ella. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari, para quedar bien con ese grupo, estableció el Conaculta, el Sistema Nacional de Creadores y un programa de becas que ha otorgado cantidades muy grandes de dinero a personajes que no lo necesitan, aunque lo merezcan.

Nos parece una falta de ética y de congruencia que esas personas que son mantenidos en parte por el erario, sean de las primeras en defender el presupuesto para la cultura. ¿Qué pasaría si ellos, en un acto de generosidad, dejaran de recibir sus becas de "creadores eméritos" para dárselas a grupos de danza, a películas que lo necesitan o a compañías de teatro? Diríamos que les importa la cultura de México y no sólo llenar sus bolsillos y acumular dinero.

Según la consulta que hicimos al Conaculta por medio del Instituto Federal de Acceso a la Información, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes entrega desde el 1 de diciembre de 1993 parte de su presupuesto a escritores como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez (nacido en Colombia), Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol. El monto al inicio era de 8,676.20 pesos mensuales para cada uno; para julio de 1999 ya era de 13,560 pesos y dos meses después subió a 15,870; en noviembre de 2000 aumentó a 22,740; en enero de 2007 a 30,342, para quedar hasta octubre de 2009 en 32,816 pesos.

Tabla de los montos mensuales recibidos por cada una de las seis personas de 1993 a 2009




Si hacemos cuentas, desde diciembre de 1993 a la fecha, tan sólo estas seis personas han recibido del erario nacional una suma aproximada de 23 millones de pesos. Al terminar el 2009, esas mismas personas habrán de recibir 2 millones 362 mil pesos. Definitivamente, es una cantidad que se podría ocupar para asuntos que lo requieran y no para intelectuales y escritores que ganan los miles por conferencias, premios, reconocimientos, ventas de libros y otros ingresos, como Fuentes, García Márquez y Poniatowska. ¿Acaso necesitan ese dinero? ¿No es suficiente con lo que han acumulado?

Sería un acto de patriotismo el que alguno de esos seis personajes fuera congruente consigo mismo y donara ese dinero que le otorgamos los mexicanos a proyectos que están urgidos de recursos financieros. Tal es la situación del Ballet Teatro del Espacio, con una trayectoria de 43 años y que necesita de 253 mil pesos para seguir con sus funciones. Un caso más vergonzoso es el de la notable pianista María Teresa Frenk, quien advirtió que el desarrolló cultural en México está en riesgo, y ante la nula idea del gobierno acerca del valor de la cultura, tuvo que renunciar a la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBA. Dejó su cargo porque el presupuesto no llegó de forma suficiente a su área, después del recorte no estaba dispuesta a seguir pidiendo a los músicos que trabajaran gratis ni a poner más dinero de su propio bolsillo. Dicha coordinación tiene un presupuesto de 7 millones de pesos, para llevar a cabo sus actividades requería de 800 mil pesos más y Teresa Frenk desembolsó por voluntad propia 300 mil pesos aparte.

Este último caso es más que ilustrativo acerca de para qué podrían servir los más de 2 millones que reciben al año los seis intelectuales mexicanos que siempre han acusado a aquellos que viven de los salarios que les da el gobierno en turno.

El gobierno actual no logra captar el valor que tiene la cultura para el desarrollo de una nación, para darle cohesión e identidad frente a un mundo globalizado.

No se equivoca la pianista Frenk al afirmar que la cultura es de las pocas cosas exportables de México y que es una forma de que los niños y jóvenes no caigan en la delincuencia ni en la drogadicción.  Ya lo había dicho Justo Sierra (¿qué ha ocurrido con esos hombres?) en su discurso de inauguración de la Universidad Nacional de México en 1910: la educación y la cultura son una forma de unificar a la patria y encauzarla hacia el progreso. Después, en 1915 Martín Luis Guzmán expresó en La querella de México: "El insigne Justo Sierra, espíritu generoso, y maestro no tan soñador como lo quiere su fama, nos insinuaba a menudo que si era muy importante el problema económico de México, no lo era menos nuestro problema educativo". Han pasado casi cien años ¿no hemos entendido?

jueves, 6 de agosto de 2009

Una generación en decadencia


¿Qué les dice esta imagen? La semiótica nos puede ayudar. En cuanto al plano denotativo, es decir, lo que podemos observar a simple vista, encontramos que son tres adultos mayores o ruquitos, una mujer vestida de rojo a la izquierda y dos hombres que portan ropa formal a su lado derecho. La dama sonríe hacia el público que aplaude una tarde en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, esto el domingo 28 de julio de 2009. El hombre de enmedio, el homenajeado y motivo de esa reunión, usa lentes y un saco gris, cabello corto (no muy despeinado), semicanoso, es más alto que sus dos acompañantes. El de la extrema derecha frunce el ceño, aprieta los ojos a pesar de llevar lentes, es un poco rechoncho, totalmente canoso, el coco le brilla, está casi calvo. Las tres caras abundan en arrugas.

Los personajes de la fotografía de María Luisa Severiano (publicada en la contraportada de La Jornada del 29 de junio), parecen interrogarse "¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué tanto alboroto?". Periodistas y escritores famosos, Elena Poniatowska Amor, José Emilio Pacheco Berny y Carlos Monsiváis Aceves, se muestran desconcertados. La Poniatowska, como princesa roja, se ríe sin saber la causa, su boca expresa un gesto forzado que provoca un rostro donde se delinea y realza cada arruga, una risa desconfiada, como diciendo "ni estos cuates ni yo sabemos qué se traen". Pacheco tiene cara de hastío, de que está cansado, viejo y cansado, harto de tantos homenajes, de esa fama que hace que todos lo conozcan al verlo pero que no hayan leído su obra. Monsi está totalmente extrañado, hasta furioso se podría decir, lo han aislado del grupo y ya se quiere ir a su casa de Portales, la instantánea lo captó en el momento de su puchero y parece que está pronto a echarse a llorar como una niñita.

La imagen tal vez sea un buen recuerdo para estos tres viejos amigos de oficio. Para nosotros sólo representa la imagen de una generación en decadencia que nació en la década de los treinta del siglo pasado. (Aquellos años se oyen muy remotos, se pierden en la memoria. ¡Hace tanto tiempo ya!) Entonces todo era blanco y negro, apenas había nacido la radio y la televisión aún estaba en experimentos, el Colegio de San Ildefonso albergaba a la Escuela Nacional Preparatoria, se viajaba en tranvía, a la ciudad de México podías atraparla en el puño de la mano, era transitable, podías recorrerla a pie... Era el valle metafísico de Alfonso Reyes y la región más transparente del aire. Nada de eso queda, casi todo lo hemos perdido: "Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia", dice justamente José Emilio Pacheco, el único de los tres amigos que sigue escribiendo poesía, que no ha parado de hacer literatura, los otros siguen con lo mismo que han hecho desde hace cuatro décadas. Elenita quiso imitar su trabajo de La noche de Tlatelolco, copiarse a sí misma en Amanecer en el zócalo; sacó un Jardín de Francia, notas periodísticas de los cincuentas sobre su tierra natal, un libro descuidado y con textos sin la menor importancia, que sin embargo le publicó el Fondo de Cultura Económica; Era le editó sus juguetonas Rondas de la niña mala sacadas del baúl de los recuerdos; y escribió Boda en Chimalistac, muy bonito, sobre unos árboles que se casan. De Monsiváis sólo hemos visto su recuento del 68 y su libro sobre Pedro Infante, es decir, sigue en las mismas. De ellos dos podemos ver artículos en los periódicos, algunos ininteligibles, otros cursis y sin fundamento, además de sus cápsulas en Televisa (a la que tanto odian), que en suma no aportan nada porque se repiten a sí mismos. A fin de cuentas, no encontramos nada notable.

¿Qué haremos cuando estos personajes ya no estén, a quién le vamos a rendir homenaje? Elena acaba de cumplir 77 años, Monsiváis 75 y Pacheco 70 (a pesar de ser el más joven o el menos viejo, se le vio muy enfermo, se quejó de que tenía que asistir al hospital y hasta necesitó del apoyo de un bastón para caminar). Carlos Fuentes ya pasa los 80 años, Sergio Pitol anda en los 76 y se le ha visto enfermo también. Es decir, quedan pocos años para que dejen este mundo nuestras glorias nacionales que son parte de una generación que hizo cosas buenas, aunque no destacó tanto como su antecesora: Alfonso Reyes, Julio Torri, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Octavio Paz, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos, Jesús Urueta, además de Augusto Monterroso, quien fue puente de dos generaciones. Los que siguieron a los nacidos en los 30, los de los años 50 del siglo pasado tampoco han hecho mucho, algunos ni siquiera los conocen: son José Agustín, René Avilés Fabila y no sé quién más. Después siguió el fenómeno editorial y de marketing llamado "Generación del Crack", de la que sólo se salva Jorge Volpi, los otros son su círculo de amigos y aduladores. (Además, en las letras mexicanas destacan vivos: Daniel Sada, David Toscana, Cristina Rivera Garza y el jovensísimo Tryno Maldonado. Es cierto, nos faltaron varios por mencionar -Elizondo, Ibargüengoitia, Garibay, Bolaño, del Paso-, pero eso no es asunto de este artículo.) ¿Y luego? No sabemos quién seguirá.

Insistimos: ¿Qué vamos hacer cuando se vayan?: Tomar su lugar...

viernes, 17 de julio de 2009

La pulquería

Tantos buenos recuerdos

El cronista Héctor de Mauleón escribió:
En el siglo XVI, la manera de beber de los mexicanos escandalizó al cronista Juan Suárez de Peralta: “No creo que haya nación en el mundo que tanto se emborrache; porque no beben por sólo satisfacer el gusto y la sed, sino hasta caer, y hay indio que se bebe cuarenta reales de vino de una vez, y por beber más, cuando les parece no pueden más, meten los dedos en la boca y lanzan lo que han bebido para volver a beber más”. Varios siglos más tarde, el médico porfiriano Fernando Ponce lamentó el cuadro que presentaban las calles de México, saturadas de ebrios derrumbados sobre las aceras, y de borrachos que exhibían sus cuerpos hinchados en cualquier esquina. En 1911, desesperado ante la nutrida corte de militares, policías, comerciantes, empleados y “hasta mentores de la niñez” que a causa de la bebida llegaban diariamente a las cárceles y los hospitales del porfiriato, entregó a la imprenta de Murguía un tratado sobre El alcoholismo en México. [...] Pensamos en el porfiriato como en la hora dorada del coñac, y de las tardes verdes del ajenjo. En uno de sus mejores capítulos, sin embargo, el tratado aborda la presencia del pulque en la vida diaria mexicana: la costumbre de comer con pulque y de prolongar la sobremesa bebiéndolo; la costumbre de destetar a los niños con éste, bajo la creencia de que a sus poderes nutricios sólo les faltaba “un grado para ser carne”. “Pulque”, según el libro, era una de las primeras palabras que se incorporaba al léxico de los mexicanos; “pulque” era lo que se le suministraba a los niños cuando estaban pálidos y descoloridos; “pulque” era lo que recetaban las madres experimentadas a los críos que lloriqueaban o no querían dormir. El pulque estaba al alcance de la mano a toda hora del día. Ponce detectó innumerables casos de mujeres de clase media que llegaban al crepúsculo en completo estado de embriaguez y, por temor a ser mal vistas, se refugiaban en sus habitaciones “con fútiles pretextos”. Mujeres que al día siguiente volverían a disimular “sus libaciones so pretexto del calor o la sed”.

Fieles a la tradición, junto con la famosa banda pesada de los barrios del Nopalar, del Escozor y de los Quevedos (también conocidos como los "Quebeben"), es decir, lo más picudo del valiente estado de Guerrerro, un día de esos que se llaman gloriosos, nos encaminamos, después de unos buenos mariscos en Chicoloapan de los Altos Topes, hacia la ruta del pulque. A pesar de ser conocida la afición de los guerrerenses por el mezcal y el tepache, así como por la cerveza, esta vez decidimos probar suerte con la bebida de los dioses. En el pueblo de Coatepec encontramos una jornada de fiesta que no pudimos evitar (nosotros que ya veníamos picados) y vimos con las puertas abiertas, casi incitándonos a entrar, empujándonos hacia sus fauces, una pulquería que en ese momento se animaba con el rock de El Tri.

Antes de entrar al aposento nos percatamos de la existencia de un barril estilo "Chespirito", donde cualquiera que tuviera la gracia de imitar al Chavo del ocho podría hacerlo sin dificultades y con el mínimo esfuerzo que implica exhalar un "pi pi pi pi pi", seguido de la acción de frotarse los ojos llenos de lágrimas y refugiarse en el depositario de su tristeza, es decir, el consabido barril. Justamente en el umbral de acceso a la pulquería nos pareció ver (como diría Piolín) unos vitroleros que parecían contener aguas frescas, cosa que pronto descubrimos como una inocente ilusión, pues la bebida era más bien nuestro pulque tan anhelado.

Como decía, arribamos al recinto del agave, un local pintado todo de blanco que aparentaba higiene, con un baño guacareado que denotó lo contrario hasta que el gerente de la pulquería se dispuso a limpiarlo. Nos enfrascamos en charlas y cantaletas propias de nuestro grupo, pero más que nada nos dedicamos a libar y darle gusto al paladar, a la garganta y al placer etílico con pulques de los más diversos sabores, colores y olores, desde mamey hasta avena, de piña a coco y de fresa a nuez... Empanzonados, medio ebrios y con la alegre indiferencia que provoca saber que era domingo y al otro día teníamos que ir a trabajar, decidimos organizar un concurso para honrar a nuestros antepasados, reafirmar nuestra identidad y expresar con orgullo que también tenemos historia. Consistió en imitar una famosa fotografía de unos tiernos pulqueros, cuya autoría y fecha son desconocidas, aunque se sabe que fue tomada en los tiempos que va de la decadencia del Porfiriato a los inicios de la Revolución mexicana (1905-1915). El certamen contó con la participación de todos los convivados y los ganadores se llevaron un regalo sorpresa que fue disfrutado a más no poder. Después de un gran esfuerzo histrónico y de una actuación de calidad excelsa, el resultado (incuestionable y admitido de manera unánime por el prestigioso jurado) fue el siguiente:

Concurso: "Clásicos de ayer y hoy"

Encuentre las diferencias




El premio de los afortunados ganadores


Después del concurso y de la entrega del premio a sus respectivos merecedores, nos retiramos de la ya afamada pulquería, no sin antes prometer bajo palabra de honor que regresaríamos para disfrutar nuevamente de la llamada -con toda razón- "bebida de los dioses" y de sus consecuencias, que con extremado gusto y con la frente en alto aceptaremos como si fuera la primera vez.

martes, 7 de julio de 2009

No quisieron hacer caso...

Tres días después de que Adversus publicó quién sería el ganador de la XVI edición del Rómulo Gallegos, se anunció lo que aquí se había revelado: el premio fue para William Ospina por su novela "El país de la canela". Insistimos en que los jurados no leyeron concienzudamente todos los libros participantes, pero ni modo, así es esto de los premio internacionales. La Jornada fue el único periódico que retomó nuestro trabajo, aunque un poco tarde:

Confieren al colombiano William Ospina el decimosexto Premio Rómulo Gallegos

La Jornada, viernes 5 de junio de 2009

Fernando Camacho Servín

El escritor colombiano William Ospina es el ganador del decimosexto Premio Rómulo Gallegos, por su novela El país de la canela, en la que narra la historia de los primeros exploradores españoles que llegaron al continente americano, informó este miércoles el comité organizador del galardón.

Aunque el anuncio oficial se produjo ayer, desde el mediodía del miércoles llegó a la redacción de La Jornada un correo electrónico de la página web de literatura [ándale, los de la H. Redacción ora sí nos sentimos casi como "Letras Libres"] colectivoadversus.blogspot.com, en el que se filtraba que el elegido era Ospina.

Ver nota completa

miércoles, 3 de junio de 2009

Premio Rómulo Gallegos

Ya está decidido: la XVI edición del premio internacional de novela Rómulo Gallegos la ganará el escritor colombiano William Ospina con su obra "El país de la canela". Los jurados ya hicieron la deliberación y escogieron por unanimidad la novela de Ospina, aunque para ser francos, no leyeron la mayoría de los 274 libros que participaron en el concurso, parece que sólo se dejaron llevar por la opinión general para evitarse la fatiga y ni siquiera consideraron otra novelas participantes como "Casi nunca" de Daniel Sada, "A quien corresponda" de Martín Caparrós, "La sombra del púgil" de Eduardo Berti, entre varias más. No se revisaron los libros como debería de hacerse para un premio de tales alcances como el Rómulo Gallegos. Si no, pregunténselo a los propios miembros del jurado. En fin, esto de ganarse un premio pierde cada vez más su objetivo: el de calificar a la mejor obra, apoyar a su autor y promover su difusión para que más lectores se acerquen a ella. Ahora se deja a la suerte, a la pereza y a las prisas por dar a conocer el ganador de un premio falto de organización que ha perdido parte del prestigio de hace unas décadas.

sábado, 2 de mayo de 2009

La tradición del escepticismo

Es paradójico que en la era de la información la mayoría de la gente no sepa con claridad y precisión qué es lo que ocurre a su alrededor, algo que se manifiesta con mayor relevancia en tiempo de crisis y pánico, como ha ocurrido por el virus de la influenza. Todos los días en todos los medios de comunicación, escuchamos, leemos, vemos, a personas hablando sobre el mismo tema y nosotros seguimos igual de confundidos, los datos que nos dan no sirven para quitarnos la incertidumbre que provoca miedo, pánico e inseguridad. En pocas palabras, tanta información vale para poca la cosa. La gran cantidad de información no implica que uno comprenda la realidad, más bien, comúnmente, la complica porque uno ya no sabe a quién creerle, en qué versión confiar. Por eso es mejor menos información y más calidad; o si no, por lo menos saber hacer una selección de las fuentes y no tratar de enterarse de todo, porque el que mucho abarca poco aprieta, me han contado.

A esto, súmenle la contrainformación, el rumor, las conversaciones cotidianas, el nerviosismo, la sospecha y el escepticismo que parece que traemos desde que nacimos la mayoría de los mexicanos y ese estar alerta y a la defensiva ante cualquier cosa que nos lleva a pensar que ya nos quieren fregar, como siempre. Por eso anda en todas las bocas la versión que de esto del virus es pura chingadera, que el gobierno nos quieren dar atole con el dedo y en un tono apocalíptico, que es un complot mundial y que nos van a chingar a todos por la crisis, que se nos necesita tener con miedo y pánico para poder hacer de nosotros lo que quieran, un gobierno autoritario, represivo, etc. Que algo anda muy mal en el país y en el mundo, que por qué vino Obama entonces sino es para preparar un boicot contra México, que esto de la influenza es la versión renovada del chupacabras...

Independientemente de que no veo elementos para considerar algo así, resulta interesante el pensamiento de los mexicanos ante cualquier situación que no logramos entender, que resulta confusa, contradictoria o exagerada por parte de las autoridades, al no haber información clara, uno tiende a sospechar cualquier cosa, o a inventar intrigas y confabulaciones contra uno y si no piensas eso es que eres un ingenuo, un tarado que no sabes cómo son los tejemanejes y las triquiñuelas del gobierno que como siempre trata de aprovecharse de los mexicanos. Nos hacemos las víctimas y pensamos que todos la traen contra nosotros, el presidente, los diputados, Obama, China y Europa. Y es que nadie ha visto a los muertos, nadie conoce a alguien que haya muerto por la influenza y en realidad la gente no piensa que sea tan grave, que todo es un engaño para mantener quieto al pueblo. En fin... lo curioso es que todos los que piensan eso dicen los mismos argumentos, es la misma versión, no hay diferencias, como un guión preestablecido, lo que lleva a pensar ¿quién es el autor de ese mensaje, de dónde proviene? ¿o está en el inconsciente colectivo? ¿Por qué todos dicen lo mismo, mi tía, mi abuelito, los correos de internet, la señora de los tacos, la secretaria, por qué, qué hay de común en ellos que los hace pensar así, dónde escucharon el rumor, por qué pensar que nos quieren hacer daño, que el gobierno siempre nos quiere chingar? Claro que esto tiene razones históricas que se fundamentan en la falta de soluciones verdaderas en cientos de años que causa que todo siga igual. Pero, insisto, de dónde proviene esa versión que se da en todos los ámbitos. Sería imposible averiguar porque es un rumor colectivo, y como tal es difícil identificar de dónde surge.

Sin embargo, podemos pensar que esa tradición de escepticismo hacia todo lo que dice el gobierno es muy peculiar de los mexicanos, que se debe a que las autoridades siempre se han manejado con discrecionalidad, a gobiernos autoritarios, a falta de educación cívica y a obstaculizar la formación de verdaderos ciudadanos, a que se piensa que el gobierno siempre se maneja de acuerdo a su interés y en lo oscurito, que en la tribuna dice una cosa, pero que en realidad hace otra, que es mejor pensar que si el presidente afirma algo es porque en realidad sucede lo contrario. Por eso nadie creyó lo del avionazo de Murillo, por eso surgió el rumor de que era un atentado. Pero ¿por qué no se confía en el gobierno? Sería bueno entender el origen de esa desconfianza, incluso para los políticos que deberían de estar preocupados por la falta de confianza generalizada hacia ellos. Aunque siempre hay que mantener la actitud crítica y no dejarse llevar por lo que le dicen a uno, a veces se llega a exageraciones y a pensar que si se dice blanco es porque es negro y así se nos va la vida, pensando y suponiendo que, otra vez, como siempre, nos quieren chingar.

Una duda más: ¿si la gente no confía en lo que le dicen, si no confía en el gobierno, si cree que la están engañando, que se viene algo grande contra nosotros, que siempre es lo mismo, que nos van a chingar, por qué carajos no hace nada? Esos argumentos, el engaño y que nos van a fregar, sería suficientes para crear un movimiento que exija cuentas, de una vez por todas, a las autoridades sobre todo lo que han causado contra el pueblo de México, un movimiento organizado que diga basta a todos los engaños y a que nos quiera ver la cara. Pero no hacemos nada, el mexicano sólo se conforma con protestar ante sus amigos y su familia, en quejarse a través de murmuros, le gusta hacerse la víctima, se queda viendo la televisión, no mueve un dedo para exigir un buen gobierno, no hace nada y todo sigue igual, como siempre. Una paradoja y a la vez una manifestación de la falta de educación ciudadana y política que nos hace falta.

Cubreboca

Ese día quise hacer algo diferente, me dije hoy voy a cambiar, y pensé y me dí cuenta de que no me había puesto un cubreboca como toda la gente y que eso me hacía sentir excluido y me deprimía. Así que agarré una mañana y me levanté con el pie izquierdo (porque soy zurdo) y me decidí a ponerme un tapaboca para ver qué se sentía, para ver si es cierto que era otra onda, que era lo de hoy y que toda la bola de tarados que se lo ponían no era en realidad eso, sino personas cultas e inteligentes y que más bien yo era el menso. Así es que, como ya dije, me puse el instrumento para protegerme del virus ese, lo compré en la farmacia de la esquina a 10 pesos la pieza. ¡Ah, jijos -dije- tanto por un pañuelito azul con resortes! Sí, joven, es que es la crisis y la gente que compra a lo bestia. Ah, bueno, pues qué remedio, cuando yo me propongo algo, lo hago, sin importar los obstáculos. En fin, lo compré y me lo puse, aunque al hacerlo no sabía de qué forma debía portarlo, he visto gente que lo trae con mucho estilo y hay a quien le vale madre cómo se le ve, yo, me dije, no puedo traerlo al ai se va, como cualquier hijo de vecino, no, si hago una cosa,la voy a hacer bien y traté de acomodármelo lo mejor que pude y como Dios y mi mamá me dieron a entender. Y así salí a la calle, sintiéndome el rey del barrio, el juan camaney, caminando con gracia y altanería, y la gente me veía y murmuraba cómo diciendo mira quién va ahí, qué bien se ve, no'mbre cómo cambia uno con cubreboca, y las miradas sobre mí y yo gozando de la buena fama que trae esto del tapaboca. No estuvo mal después de todo, esto de ser solidario y andar a la moda trae sus ventajas, aunque no sirva pa ni madres para cuidarse del virus ese que anda en todos lados, según dicen.

Contra la influenza



En estos días de guardar, he pensado si ese virus del que todos hablan no se estará burlando de nosotros y en especial de las autoridades que ni siquiera saben dónde anda ni cómo es exactamente, ha de estar diciendo cómo los traigo a estos mensos, andan bien espantados, mugres miedosos, y él, ese virus que es la causa de todos nuestros males, se carcajea y anda tan campante alojándose en cada organismo vivo que se deja. Por eso, hoy, digo ¡basta!, estoy harto de que nos esté tomando el pelo ese hijo de su tal por cual, qué se está creyendo, más le vale irse por el camino recto, aunque le duela.
¡Ya basta!, repito, ¿por qué no te metes con alguien de tu tamaño? A poco sí muy chicles, porque, digo, no se vale que después de millones de años ese virus y todos los de su clan hayan descubierto que la mejor forma de atacar al ser humano no es con armas gigantescas, con enormes máquinas ni robots inteligentes, no, eso es cosa del pasado, lo de ahora es atacar a nivel infinitesimal, y ese es, como se diría en el lugarazo común, nuestro talón de Aquiles.
Pero, insisto, esto se acabó, porque los más lúcidos científicos del mundo, si no han hallado la cura, encontraron una forma de menguar el sufrimiento de las personas que padecen por el miedo de que ese inche virus ande rondando en nuestra casa y en nuestro aire tan contaminado que respiramos cada día. Por eso traemos una fórmula para apaciguar la congoja y la impotencia que causa no poder hacer nada contra algo que no se ve. A partir de esta fecha, se comenzarán a vender peras de box con la imagen del susodicho para que quien le quiera dar su garrotazos, sus buenos madrazos, que se los dé sin remordimientos por todo lo que le ha hecho a este pinche mundo y por quitarnos nuestra libertad de andar besuqueando y manoseando a quien nosotros queramos (algo que a los políticos conservadores los trae fascinados, y más en Guanajuato). Estas peras serán de un material no tan resistente para que quien la compre pueda deshacer a la imitación del virus hasta que no quede nada. Y para los que en realidad estén encorajinados, que ya estén que se los lleve la chingada por el inche virus, pues tenemos el costal para que el usuario le pueda dar sus arrastradas, le haga la quebradora y la hurracarrana si quiere, la plancha y haga lo que quiera con él. Todo por el bien de la humanidad. Si ya está desesperado por el miedo, no lo piense más y adquiera la novedad del momento. Según las últimas investigaciones la cara del virus podrías ser más o menos así: